L’illa del carrer Palleter a València

Tot i que ara mateix fa un any des que es va (re)iniciar tota la maquinària per desbloquejar l’anomenat PAI Palleter,[1] paralitzat des de feia 15 anys, l’impacte visual que suposa la destrucció de l’antic conjunt d’habitatges i taller industrial només es pot imaginar passejant pel seu buit actual.

De la mateixa manera que som conscients de la degradació del carrer Tarazona, de les activitats il·legals que allí se’n realitzaven [2] o del perill d’enderroc d’alguns immobles; també som igualment conscients del que suposa la projecció d’un PAI. En aquest en concret, el resultat ha estat esborrar del mapa el carrer esmenat per enllaçar les dues parts en que estava dividit el carrer Palleter.

A banda d’allò evident, la qüestió més profunda esdevé en la transformació d’un espai que resistia immutable al bell mig de la ciutat quadriculada i racional, pensada per a l’automòbil – segons el regidor, un dels «tapons urbanístics més conflictius de la ciutat»– [3]. Possiblement, seguint el traçat d’un anterior projecte urbanístic noucentista, el triangle del carrer Tarazona-Palleter suposava la continuïtat d’uns plantejaments que trencaven les formulacions del nostre món, tan accelerat i preparat per destruir qualsevol cosa en nom del progrés.

Els nous edificis de sis altures projectats s’alçaran sobre l’espai creat per les casetes de dos altures que existien (algunes de major altura), les quals eren la típica edificació valenciana coberta a dues aigües amb corral posterior. A més, també ha desaparegut un petit taller industrial, la façana de la qual es manifesta seguint els models emprats als barris obrers de principis del segle XX, çò és, a una altura, de rajola i obertures enreixades.

Pel seu estat de degradació, la millor opció possiblement haja estat l’enderroc del conjunt. Però això és com tot, si hagués existit una major sensibilitat en la seua recuperació, atorgant-li el valor històric que tenia i es mereix, ens adonaríem que l’indret era un dels pocs vestigis que recorden els canvis urbanístic de la ciutat a cavall entre els segles XIX i XX.

En canvi però, s’ha vist com un problema irracional que havia d’eliminar-se. Els d’un govern ho van iniciar, i els de l’altre ho han acabat. Ara bé, a l’inici de Palleter, també hi ha un cul-de-sac provocat per la continuïtat del carrer Quart. Serà aquesta motivació suficient per un nou enderroc i, així, «donar-li continuïtat al carrer» o, com no hi ha oportunitat de redactar un PAI, no importen els llargs desplaçaments en cotxe dels veïns?

Per MCR

[1] Més informació del PAI Palleter al web de l’Ajuntament de València.

[2] L’Associació de Veïns del Botànic ha portat anys denunciant el tràfic de droga: BETIM, Felipe, «Droga y abandono junto a la Gran Vía», El País, 17-07-2013.

[3] «Las obras del PAI Palleter abren un espacio de 5.000 m2 para construir 110 viviendas», Levante-EMV, 21-10-2016.

 

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Façana del taller industrial, c. Tarazona. Street View. Google Maps.

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Imatge del carrer Tarazona. Street View. Google Maps.

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Façana des del carrer Palleter. Street View. Google Maps.

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Imatge 3D de l’illa. Google Earth.

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Parcel·les existents a l’illa. Proyecto de reparcelación. Benito Pérez Martín.

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Superposició del projecte sobre les parcel·les existents. Proyecto de reparcelación. Benito Pérez Martín.

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Parcel·les definitives executat el projecte. Proyecto de reparcelación. Benito Pérez Martín.

 

 

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La leyenda del viejo faro de Valencia: el monumento aislado donde el Marítim se daba el lote

Per Vicent Molins

Visita a un espacio mitológico de la ciudad más marinera, relegado al fuera de juego

23/04/2016 – 

VALENCIA. Con los faros -tan lustrosos, tan espigados- ocurre como con los reptiles milenarios, que con cada paso mueven pedazos de memoria y su costra está hecha de lonchas de historia. El puerto de Valencia tiene un faro que ilumina una postal inverosímil. Es el viejo faro, vigía de los mares, pero también respaldo de las escapadas furtivas de los pobladores marítimos. El viejo faro ha quedado hoy como una leyenda en un tiempo equivocado: inaccesible a la ciudad, una reliquia atrapada entre las instalaciones de la autoridad portuaria.

Al viejo faro hoy se llega escoltado por la policía portuaria, rodeado hasta la intimidación por depósitos y contenedores. El viejo faro tiene a su farero, que guarda en el interior sus archivos y se encarga de las señales marítimas, pero el viejo faro se ha quedado en fuera de juego por la ampliación y las garras de un progreso que lo han descolocado. Desde el viejo faro se ve Valencia a lo lejos, a pesar de estar tan cerca; como una bruma.

Prohibido el paso

Pasan incesantes a la vera del viejo faro cargamentos de automóviles preparados para enviarlos a lo lejos. En ese trasiego silencioso de mercancías parecería que se fueran a llevar al faro y transportarlo a peso. El viejo faro apenas recibe ya visitas, tan hecho como estaba a ser un centro de dispersión marina. Las llaves que abren sus accesos están poco acostumbradas.

Foto: Joaquim Diez.

Foto: Joaquim Diez.

Qué ha sido del viejo faro. El escritor y editor Felip Bens, eminencia marinera, se quedó desde pequeño prendado por aquella guía de de bienvenida: “este espacio mágico se le ha hurtado a la ciudadanía. Hace nueve años de la America’s Cup y la F-1 no va a volver a Valencia. Es tiempo de que el puerto y las instituciones recuperen la dársena para las personas y que se habilite el acceso al viejo faro, símbolo de tantas cosas queridas para los habitantes del Marítim”.

Es una mañana soleadísima y tras pasar la barrera del puerto y algún minuto de coche, al fondo aparece el viejo faro. Su tumulto de antaño, es hoy silencio. El que era punto de fuga de los vecinos del Cabanyal y el Grau está acompañado solo de una gaviota que se pasea impasible. El agua calmada como una balsa. ‘Todo esto era esparcimiento’.

Foto: Eva Mañez.

Foto: Eva Mañez.

El faro y su muelle hizo construir vías para que el tren alcanzara las piedras desde El Puig, cuenta Joaquim Díez en Crónicas del Marítim. Una vez hecha la escollera hasta el viejo faro se convirtió en la procesión de amor para las parejas de novios -anota Díez- deteniéndose tantas veces en el bar ‘La cueva del mero’ para ponerse finos con sus gambas, calamares y sardinas a la plancha. En los días peores de Levante las olas golpeaban con ferocidad resbalando contra el muro, describe Crónicas del Marítim.

Postal marítima

Los visitantes se asomaban a ver a los buques terminales llegar en sus últimos servicios antes de ser desguazados, como ‘El Temerario remolcado a dique seco’. Ya nadie se asoma, ya nadie mira, ya nadie visita al viejo faro, anclado ante sí mismo.

El faro, retiro de amor para el Marítim, fue presentado en sociedad con la visita del rey Alfonso XIII en abril de 1905, plantando su yate, un crucero y un acorazado y poniendo la primera piedra. El día después se marchó cargado de paquetes de fertilizantes del Grau.

Foto: Eva Mañez.

Foto: Eva Mañez.

En la ciutat, donde hasta el Micalet tuvo que hacer las veces activando hogueras (les fumades, que avisaban de la llegada de piratas), su rostro farero ha quedado irreconocible.Un punto más en el borrado del pasado más marinero. Un hurto, refería Felip Bens: “Se podía llegar en coche, en bici o paseando hasta el principio del “paretó”, donde acudían los pescadores de caña y desde donde se avistaba el islote de la Gità, antes de que la creciente actividad comercial del puerto la incorporara a tierra firme. El “paretó” tenía un paseo elevado en que los novios disfrutaban del paisaje, esquivando las cañas. Al final, el faro de mampostería y más allá, una escollera moderna que lleva al faro nuevo, junto al cual estaban instaladas las bateas de los clotxiners”.

Una placa bajo el faro con la firma de Eduardo Zaplana recuerda el centenario de las obras en el muelle. Guiados por la autoridad portuaria se deshace el camino, volviendo a la ciudad. El viejo faro queda atrás, atrás, atrás. Una magnífica postal cerrada en una caja de recuerdos. El viejo faro confinado en el aislamiento.

Font: Valenciaplaza

La cerámica Nolla: un patrimonio valenciano desconocido, todavía, por muchos

Por ValenciaBonita (20 abril 2016)

Para la gran mayoría de los valencianos, la cerámica Nolla es una auténtica desconocida. Tanto es así que, a pesar de estar en infinidad de edificios y lugares, prácticamente pasa desapercibida y cuesta reconocer o identificar. Nolla, además, fue pionera en España, donde se dio a conocer mundialmente de la mano de su creador en el siglo XIX: Tomás Miquel Joseph Nolla Bruget, más conocido como Miguel Nolla Bruget (Reus 1815 – Meliana 1879).

Que la cerámica Nolla sea, todavía, una completa desconocida para muchos, será cuestión de tiempo y empeño de aquellos que a diario, y desde hace años, luchan porque este patrimonio valenciano sea recuperado históricamente. Pero no solamente ese es el objetivo, porque la pretensión va más allá, para que así se preserve, y reconozca, allá donde esté dispuesta.

Retrato de Miguel Nolla, situado en la fachada del Palauet Nolla, realizado en mosaic. Fuente de la foto: Xavier Laumain

Retrato de Miguel Nolla, situado en la fachada del Palauet Nolla, realizado en mosaic. Fuente de la foto: Xavier Laumain

Es el caso del Centro de Investigación y Difusión de la Cerámica Nolla (CIDCeN) o de ARAE Patrimonio y Restauración, S.L.P., que gracias a los años de trabajo y de investigación, dieron fruto, por ejemplo, a la gran exposición de los 150 años de Nolla el año pasado 2015 en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí (Palacio del Marqués de Dos Aguas), de la mano de Xavier Laumain, comisario de la exposición, y de Ángela López, entre otros. Pero esa exposición no fue más que el súmmum de años de trabajo a los que todavía hay que sumar más investigaciones para descubrir su maravilloso legado.

Curiosamente, la cerámica Nolla, patrimonio histórico valenciano, es una obra que prácticamente va ligada a la Segunda Revolución Industrial y a la bella época del modernismo valenciano, o de grandes personajes como el valenciano Guastavino, ya que tiene el honor de ser el primer gres producido en España, además de ser el único hasta muy avanzado el siglo XX, que es cuando surgieron competidoras. Pero esto último tiene “truco”, ya que tuvo la suerte, por así decirlo, de que gracias a la Real Cédula de 6 de septiembre de 1864 de Isabel II, la cerámica Nolla poseía el Privilegio Real de Invención y Exclusividad para usar, fabricar o vender la mencionada invención por diez años. Gracias a ello controló todo el mercado en España, a pesar de haber algunas imitadoras que no contaban con el beneplácito del Privilegio Real. Pero es que además tuvo el privilegio, ya no Real por supuesto, de ser la primera empresa en valencia que contó con la primera red eléctrica en las naves y la primera línea de teléfono.

Pero Nolla no innovaba nada, al menos en la idea, ya que su producto estaba inspirado en el inglés de “Minton, Hollins & Co”, compañía creada por Herbert Minton, hijo de Thomas Minton, el fundador de “Thomas Minton and Sons”. El hijo, Herbert, fue quien creo, al asociarse con Michael Hollins en 1845, la “Minton, Hollins & Company”, una compañía de fabricación de tejas y otras disposiciones con acabados decorativos a la vanguardia de un mercado en reciente desarrollo.

A pesar de lo dicho, no hay que quitar méritos, ya que bien se podría decir que la cerámica Nolla es sin duda el origen, precursor mejor dicho, del porcelánico actual, aunque este último es como sabréis de mayor tamaño. Pero el éxito de tomar la idea prestada para mejorarla y llevarla a cabo de otra manera, se debía además a sus contactos, relaciones y el buen hacer en relacionarse con altas esferas, que fueron quienes dieron fama y reconocimiento a la cerámica Nolla. No podemos olvidarnos tampoco de los premios que llegó a ganar la empresa durante la actividad en la antigua fábrica, ya que Nolla ganó diversos premios en Ferias y Exposiciones que se presentó, tanto Regionales, Nacionales, Internacionales o Universales, como bien se puede ver en muchas de las facturas de época.

Factura de la Gran Fabrica de Mosaico Nolla en Valencia año 1893. Fuente: todocolección.net

Este elemento decorativo, bello y sobre todo, lleno de calidad debido a su resistencia y durabilidad, se encuentra, y encontraba dado que algunos han desaparecido, alrededor del mundo en lugares como Barcelona, Madrid, Gijón, Santander, Salamanca, París, Moscú, Viena, Cuba, Buenos Aires y un sinfín de lugares que quizás desconocen todavía que ese pavimento o disposición es valenciano.

Pero lo cierto es que, además de su desconocimiento para reconocerlo, se une también el cómo mantenerlo para aquellos que tienen la suerte de disponer de un pavimento de estas características. Es por ello, que nuestros amigos de Publicarlet nos dan unos pequeños consejos para mantenerlos siempre en buen estado.

Si en algo se distinguía la empresa, no era solo en su amplio catálogo “imaginativo”.

ÁLBUM ARTÍSTICO MOSAICO NOLLA 1900-1920 (todocoleccion.net)

ÁLBUM ARTÍSTICO MOSAICO NOLLA 1900-1920 (todocoleccion.net)

A los miles de modelos y motivos para suelos, cenefas o zócalos, además de elementos exteriores decorativos como los que se observan en el Palauet Nolla, que eran una fiel representación de la gran imaginación y el buen hacer de toda una empresa, había que sumar el trabajo de todo un conjunto de personas que formaban, entre otros, un oficio desaparecido a día de hoy: el mosaiquer.

Palauet de Nolla en Meliana. Fuente: https://legadonolla.files.wordpress.com

Estas personas eran capaces de llevar a cabo instalaciones del producto con “paciencia” y esmero, allá donde eran requeridos, como es el caso de Moscú, donde trabajadores viajaron para la colocación de pavimentos en una de las estaciones de metro la ciudad rusa.

Grupo de trabajadores dentro de las instalaciones [Fuente: Ayuntamiento Meliana], del blog de araepatrimoniokids.files.wordpress.com

Pero no solo disponía de personal altamente cualificado para la colocación de sus productos, ya que el resto de empleados fueron preparados a conciencia, y especializados, para las horneadas de material o el funcionamiento de las máquinas para el molido de la arcilla, que tenía que ser de excelente calidad y convertirse en polvo fino, o el prensado de las teselas (cabe recordar la novedad de las máquinas debido a reciente Revolución Industrial en nuestro país y en muchos oficios). Para que entendáis que es una tesela, ésta es una pequeña pieza de piedra, terracota o vidrio coloreado que se utiliza para confeccionar un mosaico.

En Valencia, algunos de los lugares donde se pueden observar los trabajos de Nolla son en los suelos del desaparecido restaurante La Embajada (Plaza Alfonso El Magnánimo, 7), el Asilo de San Juan Bautista, el Ayuntamiento de Valencia, la Casa de Correos, el Mercado Central o cientos de casas de burgueses de época que quieran estar a la vanguardia y poseer uno de los mayores referentes mundiales en pavimento.

Restaurante La Embaja en Valencia (CERRADO). Fuente: laembajada.es

Pavimento del Asilo San Juan Bautista de Valencia.

Pero incluso la Antigua fábrica de Mosaicos Nolla estaba a la altura de los productos que en ella se hacían. Las actuales instalaciones, regentadas en la actualidad, y en propiedad, por la empresa Schneider Electric España, S.A, son un claro ejemplo de que aquello no era una fábrica más, aunque eso sí, sin comparar a nuestras bellas La Ceramo o Bombas Gens, de las cuales tenemos mayor predilección y aprecio.

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La construcción de ésta comenzó por el año 1860, aunque no sería hasta 1862 cuando comenzaría a iniciar, débilmente, la actividad. No es hasta 1864 cuando ya la fábrica quedó totalmente terminada, empezando así la andadura e historia de este lugar del que salía patrimonio repartido por todo el mundo tal y como nos cuentan nuestros amigos de araepatrimoniokids en su artículo.

Interior de las instalaciones, donde se aprecia uno de los hornos [Fuente: Ayuntamiento Meliana], del blog de araepatrimoniokids.wordpress.com

Curiosamente, a pesar de que en 1923 el grupo suizo Gardy compró la fábrica y creó la Sociedad Española Gardy, cerámica Nolla continuó con su actividad trasladándose a otra ubicación en el casco urbano de Meliana, la cual funcionaría hasta finales de los años 70.

Gardy, que centró su actividad industrial en la fabricación de aparamenta de alta y media tensión, grandes aisladores eléctricos de porcelana y fusibles de protección para media tensión, mantuvo hasta finales de los 70 la fábrica, hasta que el grupo industrial de origen francés Merlin Gerin compró la fábrica. Fue entonces cuando esta pasó a denominarse Merlin Gardy S.A. Ya en los 80, se iniciaron las actividades de productos destinados a la protección para la baja tensión, que coexisten con las antiguas fabricaciones hasta 1986, cuando éstas son abandonadas, para llegar finalmente hasta el año 1995, cuando se adquiere la nueva denominación social Schneider Electric España, S.A.

Antigua fábrica de Nolla en la actualidad, propiedad de Schneider Electric que compró la fábrica en el año 1979. Fuente: hansvanlemmen.co.uk

Actualmente, la empresa tiene el honor de ostentar el Premio Príncipe Felipe en 1997 a la Excelencia Empresarial en materia de Gestión Medioambiental y finalista, en 2001, de los Premios Nova (en el apartado de Calidad) y de los Premios GEO Award. Así pues, queda dicho que sobre los cimientos de esta vieja fábrica se han hecho, se siguen haciendo, y seguramente se harán, grandes cosas sobre suelo valenciano.

Fuentes:

 Valencia Bonita

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Arquitectura modernista para la venta de alimentos

Los mercados de Colón y Central son dos referentes del diseño de principios del siglo XX

Paco Huguet | Valencia | 21 mayo 2015

Las dos principales joyas comerciales de Valencia, los mercados modernistas de Colón y Central, dieron sus primeros pasos casi a la vez a principios del siglo pasado, pero no comenzarían su valiosa actividad comercial hasta 1916 y 1928, respectivamente. Por esos años, en 1921, Alicante estrenaba su Mercado Central, del mismo estilo arquitectónico.

Una de las fachadas del Mercado Central, poco antes de su rehabilitación, en 2004.El autor del mercado de Colón, el saguntino Francisco Mora Berenguer (1875-1961) concursó en 1910 para construir el Central. Un año antes (1909), había restaurado la puerta de los Apóstoles de la Catedral, ante la que cada jueves se reúne el Tribunal de las Aguas. Su proyecto, de estilo neomudéjar, sirvió después como inspiración para las que más tarde serían las nuevas instalaciones alimentarias en el Ensanche, ya de nuevo como arquitecto municipal, puesto que había abandonado para poder optar al Central, frente a la Lonja.

Los vecinos y comerciantes del primer Ensanche de la ciudad entre la Gran Vía y Colón tras el derribo de las murallas en 1865, zona eminentemente burguesa, venían demandando desde 1890 un mercado que cubriera sus necesidades. Así, en 1913 Mora recibió un encargo redactado en 1914 y modificado después. El edificio, de estructura metálica y denominado actualmente como modernista (en la época el término tenía connotaciones negativas), fue inaugurado el día de Nochebuena de 1916.

Inspirado en las obras de Gaudí y Domènech Montaner, en cuyos talleres se formó Mora, el mercado de Colón se ubica entre las actuales calles Jorge Juan, Cirilo Amorós, Conde Salvatierra y Martínez Ferrando (antigua Blanquells), en los solares que ocupaba la vieja fábrica de gas del marqués de Campo.

Una estructura de hierro y las cubiertas metálicas -de las que se encargó el arquitecto Demetrio Ribes-, el caravista y la cerámica policromada convertían el mercado en una joya arquitectónica al servicio de los ciudadanos, a los que abastecía de alimentos. El edificio, con tres naves longitudinales (una estructura formada por cerchas y arcos de celosía) cerradas por dos portadas de piedra y ladrillo, tuvo una gran actividad durante décadas, pero a finales del siglo XX empezó a decaer a causa del abandono que motivaba la salida de comercios.

Su rehabilitación integral, culminada en 2003, relanzó la actividad comercial, con una oferta vanguardista bien combinada con el comercio tradicional y con contenidos culturales.

Mientras el mercado de Colón fue construido en poco tiempo (1914-16), el Central arrancó con un concurso en 1910, pero no abrió sus puertas hasta 18 años después. Su historia, no obstante, empieza mucho antes. Allá por 1261, el rey Jaume I concede a la ciudad de Valencia un terreno (hoy entre la iglesia de los Santos Juanes y las calles Trench y San Fernando) para un mercado que fue invadiendo las calles próximas. Su ubicación no es otra que el entorno de la antigua mezquita, donde se concentraba la actividad comercial en época musulmana.

El mercado, con carácter ferial, fue un centro neurálgico de la ciudad durante siglos: allí se compraban los alimentos, se hacían justas, torneos, actos festivos, culturales y más tarde políticos. Era la plaza pública en la que se ajusticiaba a los criminales, en la que se instalaba la horca. Cientos de años más tarde, en 1838, se decreta el derribo del convento de las Magdalenas para la construcción del Mercado Nuevo, descubierto, que sería el más grande de la ciudad hasta la apertura en 1916 del de Colón.El mercado de Colón, abierto en 1916.

En 1883 comienza a pensarse en la necesidad de un nuevo mercado, pero no fue hasta después de la Exposición Regional de 1909 cuando acabó cuajando, tras un primer concurso que no se ejecutó. El segundo, en 1910, lo ganaron Francisco Guardia y Alejandro Soler, que al igual que Francisco Mora habían aprendido del maestro modernista catalán Luis Domènech Montaner. El 23 de enero de 1928 abrió sus puertas y se ofreció una comida inaugural a 2.000 indigentes de Valencia.

El edificio sería el emblema de la ciudad, de su rica huerta, de su larga tradición comercial. Con 8.160 metros aún hoy es el mayor centro de Europa dedicado a la venta de productos frescos. Las cúpulas de hierro, cristal y cerámica son una de sus señas de identidad. La bóveda central alcanza los 30 metros de altura. También identifican al mercado sus dos veletas: la cotorra y el pez.

La ornamentación, exuberante y que a la vez aporta una enorme luminosidad, la piedra, el metal, la madera, el azulejo y el vidrio alimentan el estilo modernista, sustentado por estructuras de hierro y columnas de fundición, con pabellones de acceso de piedra, ladrillo y cerámica.

El Mercado Central comenzó su rehabilitación en 2004, un año después que el otro mercado modernista, el de Colón. La obra le ha devuelto todo su esplendor. Hoy, casi 300 comerciantes ocupan los más de 1.200 puestos creados en origen y acogen a los 18.000 turistas y clientes de pico máximo que en Navidad visitan esta joya del comercio.