Por qué un fabricante de Deliplus quiere salvar Bombas Gens

C. AIMEUR. 18/12/2014 La honesta historia de cómo José Luis Soler, cofundador de Ubesol, se enamoró de una fábrica abandonada y la va a recuperar para la ciudadanía con la complicidad de su familia, socios y amigos.

VALENCIA. La Fundació se llama Per Amor a l’Art. Tras ella se hallan el empresario José Luis Soler, propietario de Ubesol, una de las empresas fabricantes de los productos Deliplus y Bosque Verde, y en su patronato se encuentran su esposa y directora de la fundación, Susana Lloret; su hijo José Manuel Soler; sus hermanas María Luisa y Alicia Soler; su socio Jorge Úbeda; y sus amigos Mateo Blay, José Castellá, y el que fuera director de la Tate Modern Vicent Todolí.

La Fundación es un proyecto “personal” como se encargan de insistir tanto desde la empresa como desde la propia Per Amor A l’Art. Nada que ver con sus trabajos o carreras profesionales. Su nombre salió a la palestra en septiembre de este año, cuando se hizo público que habían adquirido la fábrica de Bombas Hidráulicas Carlos Gens para que fuera su sede. El edificio, cuya fachada se considera que supuso la entrada del Art Decó en Valencia, fue creado por Cayetano Borso di Carminati (1900-1972) en 1930 para la que entonces era una importante industria del barrio de Marchalenes. Autor de inmuebles tan reconocibles como el edificio Vizcaíno o el Rialto, Bombas Gens fue uno de los mayores hitos de la carrera del arquitecto.

Las instalaciones habían estado abandonadas desde el cese de la actividad de Bombas Gens a finales del siglo pasado. Hubo algunos intentos de evitar su deterioro pero fueron en vano. El Ayuntamiento de Valencia incluso estudió su derribo para levantar tres edificios. Se habló de un hotel. Hubo okupaciones, episodios de incendios y derrumbamientos.

El destino del inmueble parecía la demolición. Era pues, otra historia más de patrimonio fabril perdido. Ninguna institución asumía su obligación de preservarlo. Sin embargo, el destino de Bombas Gens será otro gracias a la mediación de Soler y su fundación.

UN PROYECTO QUE LLEVA DIEZ AÑOS EN MARCHA

Aunque su irrupción ha sido reciente, Per Amor a l’Art “es un proyecto que viene desde hace tiempo”, explica Lloret. “De hace diez años”, matiza. Y es que si bien la fundación se registró como tal el pasado mes de mayo, sus actividades se iniciaron con el arranque del siglo. Abarcan tres campos: investigación, protección de niños en riesgo de exclusión social y el arte.

Su apoyo a la investigación de enfermedades raras, y muy especialmente la Enfermedad de Wilson, tal y como destaca Lloret, es uno de los rasgos de la entidad. Por este motivo han organizado una jornada que tendrá lugar en el Centro Príncipe Felipe de Valencia el próximo 19 de enero. “No vamos a tener a investigadores en nuestra sede porque creemos que la ciencia se debe hacer en los centros de investigación; lo que vamos a hacer es seguir apoyándola desde fuera”, explica Lloret.

Aspecto del interior de la fábrica Bombas Gens, ya desescombrada.

La segunda línea de trabajo, las iniciativas dedicadas a la infancia más débil, está muy activa con actuaciones concretas como facilitar ordenadores a centros de acogida para que niños en riesgo de exclusión social puedan realizar actos tan convencionales como jugar o aprender con ordenadores, o financiar acampadas para que estos mismos niños puedan descubrir la Naturaleza. “Tratamos de contribuir en todas estas líneas”, comenta Lloret.

Pero la más notoria de sus tres patas es posiblemente la que aún no han puesto en marcha, el arte, donde cuentan con la inestimable ayuda de Todolí, mucho más que un patrono. Hay interés por saber cuál es la propuesta, ya que supone el regreso a Valencia como agente cultural de uno de los padres del IVAM. Y además lo hace al mismo tiempo que desarrolla una experiencia similar con el proyecto HangarBicocca en Milán, otro espacio industrial dedicado al arte financiado al 100% también por una empresa privada, en este caso Pirelli.

EL PRIMER PASO EN PÚBLICO

Profesora en la Universitat de València, Lloret pidió este curso una excedencia para poder dedicarse en exclusividad a Per Amor a l’Art. Convertida en el rostro y la voz de una fundación discreta, fue ella quien dio el primer paso público a mediados de septiembre cuando, como directora anunció en una entrevista en Levante que buscaban una sede emblemática para que fuera un espacio de referencia.

Ya la habían elegido. El incendio de las naves de Bombas Gens en febrero había hecho que pusieran sus ojos sobre el inmueble, que ahora se ha convertido en la joya de su patrimonio. Ante la pregunta: ‘¿Nadie va a hacer nada por salvar este edificio?’, Soler tenía como respuesta dar un paso adelante. Desde su fundación. Una semana después de que su mujer anunciara la búsqueda de esa sede confirmaban la noticia: Per Amor a l’Art adquiría Bombas Gens. Y aquello fue una bomba, pero no hidráulica.

La adquisición y reforma de Bombas Gens, que convertirá a este espacio en uno de los nuevos ejes de la vida cultural valenciana, les sitúa en la primera línea del mecenazgo cultural. Una operación, dice Lloret, en la que ha sido fundamental la colaboración de Carlos Gens, descendiente del fundador de la empresa y al que define como “un señor de los pies a la cabeza”. Con 93 años, el antiguo empresario les ha cedido material fotográfico para que los arquitectos que trabajan para la fundación puedan desarrollar su proyecto sabiendo de dónde vienen.

La fotografía y el arte abstracto serán las bases de este espacio en el que se incluirán algunos proyectos que están financiando como la espectacular propuesta Campos de batalla de Bleda & Rosa (María Bleda, Castellón, 1969; José María Rosa, Albacete, 1970), quienes están recorriendo el mundo retratando los lugares donde se celebraron batallas históricas. Su proyecto ya tuvo un ‘Campos de Batalla España’ y un ‘Campos de Batalla Europa’ y, ahora, justo en estos momentos, se encuentran en América trabajando en ‘Campos de Batalla Ultramar’.

Además, Per Amor a l’Art ha iniciado la adquisición de una colección de arte para Bombas Gens. Soler, como cualquier amante del arte, ya poseía sus propias pinturas; “a José Luis le gusta mucho”, comentaba su esposa. En el caso de la fundación, las obras no se están seleccionado en función del gusto personal del empresario o sus amigos sino que, con el asesoramiento de Todolí, están creando una colección específica. “El arte tiene que ir a la verdad y uno debe lidiar con la verdad arquitectónica”, explicaba Todolí este martes noche a la hora de referirse a su proyecto en Milán. Esa será también la filosofía de Bombas Gens.

Los vecinos preguntan por cómo van las obras. Están interesados. Hay curiosidad. Incluso escepticismo. A simple vista el edificio de Bombas Gens continúa aparentemente igual, cerrado, con los marcas del incendio que aceleró su salvación aún visibles. Un cartel avisa, eso sí, de que dentro hay unas obras en marcha, y sobre ese cartel una de las míticas intervenciones de LUCE. Nada más.

Los trabajos para abrir la nave de Bombas Gens van despacio pero seguros. Más rápidos los de la sede de la fundación, que se ubicará en el edificio adyacente de dos plantas, donde se encontraba el domicilio familiar de los propietarios de la fábrica. Lo van a rehabilitar y quieren dejar memoria de esta restauración a través de fotografías de cómo está siendo todo el proceso, que contrapondrán con las del espacio original.

Se han realizado ya algunas tareas. Una mirada al interior permite descubrir que hay zonas que ya se han recuperado y, sobre todo, desescombrado. Ahora, al menos, se podría caminar por allí. Todolí hablaba este martes de que el proyecto que están preparando se dará a conocer en “unos meses”, pero Lloret matizaba horas después que no se refería a la inauguración del edificio que tendrá lugar, como pronto, “dentro de dos años”.

COMO PLANES, QUILIS… O EL PROPIO JUAN ROIG

En la elección de Bombas Gens como espacio emblemático ha sido fundamental el impulso personal, la reacción, la sensibilidad, pero no la política. No ha habido ninguna mediación de la Administración valenciana, cada vez más maniatada por unos recortes que la han convertido en poco menos que un problema burocrático. Es un ejemplo más del cambio de paradigma. En otros países como Estados Unidos son habituales este tipo de iniciativas. En España, en la Comunidad Valenciana, hasta hace unos años, eran impensables. Ahora se han convertido en el motor que impulsa la recuperación cultural y social, el espejo en el que mirarse. Como decía Todolí, la iniciativa privada está ocupando el lugar del servicio público.

La actuación de Soler es equiparable a la del empresario valenciano Lluís Planes o “la de Vicente Quilis“, cita Lloret. Son empresarios que deciden invertir su patrimonio personal en proyectos culturales, una suerte de respuesta civil ante el colapso de las instituciones públicas. Un antecedente ya veterano sería la Fundación Chirivella Soriano, dedicada a la difusión del arte plástico contemporáneo, y muy especialmente el valenciano.

Con todo el modelo que más se le parece a Per Amor a l’Art quizá es el que ha desarrollado el principal cliente de Soler y Úbeda, el propio Juan Roig, con su mujer Hortensia Herrero. El empresario y su esposa llevan a cabo proyectos sociales y culturales que van más allá de su ámbito de influencia, actividades de mecenazgo que tienen como fin devolver a la sociedad parte de lo que ella les ha dado, dicen.

En el caso de Per Amor a l’Art la palabra clave es compartir. “Sé que suena raro pero los hacemos por eso, por amor al arte, porque creemos en esto. Por eso la fundación se llama así”, comenta Lloret. Su entorno, amigos, parientes, socios, les apoyan. “Les hemos implicado a todos. Es un proyecto familiar y de amigos”, insiste la directora de la fundación. Soler y Lloret son el impulso. El resto del patronato, sus pilares. No hay pies de barro.

Interior de la fábrica, ya sin restos de basura.

En cierto modo representan a una nueva burguesía valenciana, aunque a Lloret no le gusta este término de nueva ni las implicaciones que conlleva. Han sustituido la presunción de los últimos años, los del exceso, por el trabajo sordo y continuado, el relumbrón por el trabajo bien hecho, la fama por la trascendencia, y, sobre todo, han reemplazado el yo por el nosotros. Por decirlo de algún modo, en un lado se situarían los Suescun y en el otro, los Soler, Planes…

RECUPERAR EL ESPLENDOR PERDIDO

Queremos volver a darle el brillo que se merece [a Bombas Gens]”, comenta Lloret a modo de epítome, “pero un proyecto así no se puede hacer solo. Es muy importante para nosotros la colaboración de nuestros amigos, de nuestra familia, del socio de José Luis [Soler], Jorge [Úbeda]”. El nosotros siempre en la boca.

A su amigo y asesor artístico, Vicente Todolí, se le veía encantado este martes al oír preguntar sobre Bombas Gens. Se le iluminaba la cara y sonreía. “Va a quedar muy bien“, aseveraba convencido sin querer entrar en más detalles. “Os lo podremos enseñar en poco tiempo”, añadía.

Lloret confirma que habrá una presentación aunque insiste que la inauguración de la restauración de Bombas Gens será, como pronto, a finales de 2016. Dos años, recuerda. “Todavía somos pequeños”, apuntan desde la fundación. No quieren aún hablar ni de plazos de tiempo ni de fechas porque están ultimándose demasiadas cosas y avanzar algo sería precipitarse, pero a Per Amor a l’Art le queda poco para vestir de largo. 

A Lloret se la nota emocionada. El arte, dice la RAE, en su segunda acepción, es “una manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”.

Ése es su caso: personal y desinteresado.

Font: Culturplaza

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